Carmen Villoro

Escritora

NUEVO TEXTO

Del libro La algarabía de la palabra escrita, Editorial Rayuela, 2012

La palabra leer en manuscrito dibuja un oleaje calmo. La l es una ola alta seguida de dos e que se suceden para romper con la última letra r sobre la arena de la página blanca. La palabra es fonema y es figura, es música visible y signo audible y traduce un estado del alma que se mece al vaivén que las letras, silencios y puntos le sugieren.

Leer traduce y reproduce esa experiencia de estar y ser mecido, de abandonarse al ritmo de un océano interno cuyo flujo y reflujo reconforta. Escribir en cambio, traza con sus hirientes ies el prurito de una inquietud que obliga a quitarse de encima las palabras, ponerlas en el texto, insectos peligrosos si se quedan adentro destilando el veneno de su demasiada pasión acumulada.

El acto de leer es plácido y dilatado, no implica tensión, sólo descarga. El acto de escribir es riesgoso, como caminar en la orilla de un acantilado; una acción temeraria y con cierto incómodo despliegue mientras no se consigue llegar al punto final que certifica la consecución de una acabada idea. El que lee está de buen humor. Cada tanto da un sorbo a su bebida para marcar con ese gesto la pauta del 82 placer. No le molesta ser interrumpido porque simple y llanamente se ha desentendido del afuera, se ha sumergido en tal indiferente condición que la voz del afuera se escucha suave y lejos acolchada por la distancia del ajeno interés por lo que pasa lejos de esa zona de confort.

El que escribe se altera, cualquier interrupción le causa ruido le hace corto circuito, le electrocuta el alma que necesita un aislante total, una cinta plástica negra para cubrir sus nervios mientras fluyen, se atoran, se le esconden, aparecen, se revelan, imágenes como peces fugaces que aprehender. Escribir es construir la casa; leer es habitarla.Escribir tiene en su cuerpo el cri que crispa, el bir bir bir de la tenacidad que es necesaria para que exista el libro en donde el otro, el lector, cuelgue su hamaca y se disponga a relajar su ser.

Carmen Villoro